Esa luz sigue ahí aunque me niegue a verla. Ignorarla no anulará su existencia.
En ocasiones mengua por causa del viento, pero éste no es más que combustible de sus fraguas.
Rendirse no es una opción a contemplar. Mantenerse es el camino.
Pertenezco a la luz, nunca me llevé demasiado bien con las sombras.
miércoles, 27 de enero de 2016
Desconfianza
Te ofrecí mi torpe amor y sólo observaste a distancia, ignorando un puente de madera: frágil pero firme.
Te obcecaste en la absurda idea de un puente demasiado robusto, saturado de luces, construído a tu antojo.
Te empeñaste tanto que ignoraste mi pequeño puente, descartando la espera de la construcción de tu hercúlea vía.
Los ideales no tienen forma física, eres tú quien debe dársela.
Mi puente ahora está corroído por el desuso y es que nunca te atreviste a cruzarlo.
Pasado el tiempo no seas tan ingenuo de pensar que aún queda algo al otro lado.
martes, 12 de enero de 2016
En el corazón del mar
Busqué entre las olas mi pedazo extraviado, pero ni la espuma efímera ni las imperantes olas supieron darme respuesta. Me abandoné a las aguas, desnudo, sin complejos ni pretextos. Pregunté por qué había perdido a tanta gente, aunque el rumor de las aguas al morir en las rocas no era una respuesta válida. Traté de sanar con sal mis heridas por las que supuraba un dolor insoportable. Poco después me retiré a la orilla y entendí que la vida es como la marea: A veces, alta; otras, baja, que las olas traen tesoros que también pueden arrebatarte en cualquier instante. Lo que es arrastrado a las profundidades del mar no se pierde, tan sólo aguarda a un corazón capaz de bucear hasta lo más profundo para encontrarlo.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Rota
Un aliento gélido expirado en
mitad del claro antes del primer signo del alba era el pistoletazo de salida
para una marcha más, como todas las iniciadas durante los días pasados de la
que había sido para nosotros dos aquella tortuosa encomienda.
A decir verdad, todas las anteriores habían sido, en mayor o menor medida, igual de dificultosas, pero esta, en concreto, había hecho mella en nosotros como nunca antes habíamos experimentado. Hiromi me contempló con una media sonrisa, hecha un ovillo con las mantas, al abrigo de una centenaria secuoya que fue su protectora durante toda la noche. Su rostro, magullado de tantas batallas, aún era el lienzo sobre el que una viva mirada se sostenía, absorviendo la esencia de todo aquello que le rodeaba. La animé a proseguir nuestra andadura y se puso en pie sin rechistar, como había hecho siempre, por más que la llevara a rastras a un acantilado nunca oponía resitencia.
A decir verdad, todas las anteriores habían sido, en mayor o menor medida, igual de dificultosas, pero esta, en concreto, había hecho mella en nosotros como nunca antes habíamos experimentado. Hiromi me contempló con una media sonrisa, hecha un ovillo con las mantas, al abrigo de una centenaria secuoya que fue su protectora durante toda la noche. Su rostro, magullado de tantas batallas, aún era el lienzo sobre el que una viva mirada se sostenía, absorviendo la esencia de todo aquello que le rodeaba. La animé a proseguir nuestra andadura y se puso en pie sin rechistar, como había hecho siempre, por más que la llevara a rastras a un acantilado nunca oponía resitencia.
Anduvimos en silencio, algo que
ya era habitual, siendo nuestros pasos
los únicos que quebraban la calma en la lejanía, con un desgarro de
madera reseca y gravilla.
Había pasado algún tiempo desde
aquello, pero ninguno de los dos habíamos vuelto a ser los mismos de siempre.
Desde pequeño me había movido a la
vereda de mis ideales, tratando de encontrar fuera el reflejo de lo que sentía
por dentro, todas las ocasiones en vano, sin desistir, manteniendo el espíritu
férreo, inquebrantable, tozudo y tenaz.
Cuando una idea se me planta muy
definida en la cabeza, ya no escucho más voz que la de mis anhelos, creyendo
que todas las demás son simples falacias que no tienen más intención que la de
arrebatarme el sino.
Y fue en una de esas en las que
nuestra lucha peligró.
Hiromi se detuvo, de pronto,
apoyándose en el tronco de un árbol y comenzó a respirar con dificultad.
-¿Te encuentras bien,
pequeña?-quise saber-. Podemos parar un rato, si quieres, aún es temprano, aún
no se fundieron las sombras.
Hiromi negó con la cabeza.
-Tranquilo, puedo seguir-sostuvo
Hiromi-. Sólo necesitaba una bocanada. Nunca hemos detenido el caminar, no será
a estas alturas la primera vez.
Me agaché hasta posicionarme a su
altura y aprecié como temblaba, apenas sosteniéndose en pie, aferrada a la
corteza del árbol para no perder el equilibrio.
-Has hecho esto mucho tiempo sola, debemos ayudarnos si queremos llegar a nuestro destino-indiqué, colocando una mano sobre sus diminutos y heridos dedos.
-Has hecho esto mucho tiempo sola, debemos ayudarnos si queremos llegar a nuestro destino-indiqué, colocando una mano sobre sus diminutos y heridos dedos.
Hiromi me miró, como hacía tiempo
que no lo hacía, con esa esperanza renaciente en mitad de la amargura. Como la
promesa que nunca debió romperse o los límites que nunca debieron inventarse. La
pequeña se dejó auxiliar, por lo que la subí a mi espalda con la idea de
cargarla sobre mis hombros.Era un peso muerto, como un saco de cemento, sin
alma ni sin vida, poco más que un montón de escombros. En ese momento temí por
nuestro cometido, pues mi amiga estaba al borde del desfallecimiento, nunca
antes la había visto tan amedrentada. Nos habíamos pasado demasiado tiempo bajo
las ramas de aquel bosque en el que la niebla espesa arrebataba poco a poco el
vigor y la fuerza del que lo respiraba.
-Queda poco, Hiromi, has sido una
valiente-elogié-. Has combatido como una campeona.
-Sólo hice lo que me pedías,
Raven, nada más-declaró con un tono de voz somnoliento.
Aún notaba algo de calor que
expiraba de su cuerpo. Debía mantenerla despierta, para evitar que esa espesa
niebla la devorase por completo.
-Ha sido un año duro, pero casi está hecho-celebré, alzando la voz, tratando de contagiarle algo de mi ánimo.
-Ha sido un año duro, pero casi está hecho-celebré, alzando la voz, tratando de contagiarle algo de mi ánimo.
-Ha sido horrible-terció-, pero
sí, hemos dado lo que hemos podido.
En mi mente seguía aún el duro
suceso que había provocado que Hiromi se encontrase así. No habíamos mencionado
lo ocurrido y era parte de que nuestra relación se hubiese vuelto tan fría como
el entorno en el que nos movíamos.
-A propósito de lo ocurrido...
-No te tortures más,
Raven-interrumpió, notablemente irritada-. Sé que no fue intencionado.
-Aun así no puedo evitar mirarte
y sentirme mal por haber permitido que sucediera, Hiromi-lamenté.
Hiromi y yo viajábamos solos
desde hacía mucho tiempo. Le había prometido que la llevaría hasta Archiria,
donde podría vivir lejos de un mundo tan hostil. Pero el viaje era largo y
lleno de peligros que acechaban a cada momento. No lograba recordar en qué
momento de mi vida la había conocido, pero hasta donde me alcanzaba la memoria
siempre había estado a mi lado. Era la
parte más inocente de este mundo impío, la única razón que me otorgaba
vivacidad en mitad del tormento. A lo largo de nuestro recorrido había vivido
momentos dulces y amargos, habíamos crecido, conocido diferentes ideas,
cambiado las nuestras, refutado las creencias, ratificado ideales. Durante
breves periodos de tiempo habíamos añadido personas a nuestra causa, las cuales
se perdían por el camino o decidían tomar atajos para volvernos a encontrar más
adelante. Pero siempre ella y yo éramos los que quedábamos al final del día.
Este bosque de secuoyas, en el que nos aventuramos un año atrás, trajo consigo la compañía de un guía que se nos presentó como El Guardián del bosque. Nos aseguró que conocía todos los rincones de la espesura y que bajo sus indicaciones llegaríamos muy lejos. Hiromi no se acababa de creer tal discurso, pues ella aseguró que sus rasgos físicos y su manera de hablar era muy similar a algunos guerreros de regiones remotas a los que habíamos sorteado con anterioridad. El Guardián juró y perjuró que no había salido jamás de ese bosque y no se debía más que a coincidencias de la naturaleza y que había guiado a tantos nómadas a lo largo de su existencia que había adoptado su extraño lenguaje. Hiromi y yo accedimos a que nos acompañara en el viaje, pues un aliado siempre es un punto a favor en mitad de un camino rocoso, en el que sostenerte cuando flaqueas, en el que poder permitir bajar la guardia por un momento. Al principio nos sorprendió, en efecto, los amplios conocimientos que tenía sobre la naturaleza que nos rodeaba y la gran cantidad de anéctodas que guardaba bajo el brajo, después de tantos años de experiencia en la vida, frente a los cuales Hiromi y yo nos sentíamos meros principiantes en la aventura de la supervivencia. Casi sin darnos cuenta, El Guardián se convirtió en uno más de los nuestros, luchando los tres contras las adversidades que se nos plantaban, confesando nuestros anhelos e ideales, descubriendo que teníamos diferencias, pero también nos unían las pasiones. Era difícil pensar que hubo una época lejos de aquel cobijo en el que incluso olvidamos lo dañina que era la niebla que cubría las ramas de las secuoyas, ignorando a los aliados esporádicos que nos prevenían sobre El Guardián del bosque, pues tenía fama de embaucador. Ignoré todas y cada una de las advertencias ¿Cómo algo que hacía sentir tan bien podía ser dañino?
Empecé a dejar de lado mi propósito original y comencé a vislumbrar unos nuevos, marcándome nuevos horizontes. Desgraciadamente también aparté a Hiromi, pues a El Guardián no parecía agradarle, pues consideraba de bajeza su actitud, menospreciándola y humillándola cada vez con mayor frecuencia e intensidad. No vi nada de eso, sólo observaba, como un recuerdo latente de algo no ocurrido, el futuro brillante más allá del bosque. Un buen día, como lo pudo ser otro cualquiera, me despertó a media noche, cuando aún Hiromi dormía, y me pidió que lo acompañara a dar un paseo, pues algunos pesares lo atormentaban desde hacía tiempo y necesitaba aclarar sus ideas. Como había hecho siempre, lo acompañé sin más dilación, sin preguntar, considerando siempre que cualquier decisión adoptada por él era siempre la más sabia. Sin tener tiempo a reaccionar me dijo que había escuchado a un grupo de peregrinos que viajaba por el bosque hacía unos días, que había escuchado sus propósitos y consideró que lo más apropiado sería guiarlos a ellos, pues sus ideas eran más cercanas a las suyas, y sintió que no podía ir más allá, cargando con un una cría estrafalaria y un enclenque. Me repitió una y otra vez que lo hacía por nuestro bien y que si el día de mañana necesitábamos su ayuda siempre estaría ahí para nosotros, que tan sólo debía utilizar el walkie-talkie en la frecuencia que ya conocía. No supe qué decir, no supe qué hacer, mientras se alejaba como un desgarro del viento. En mitad de la nada grité, desubicado, tratando de entender el por qué había sucedido todo, si creía que habíamos formado una triada invencible, capaz de anteponerse a cualquier adversario. Entonces entendí que no había jugado bien las reglas del juego y que había apartado a mi razón de ser desde el inicio, que me había traicionado a mí mismo en pos de una realidad inexistente. Me encontraba perdido en la oscuridad, sin manera de saber cómo volver atrás y recuperar a Hiromi. Clamé su nombre desde la penumbra, en un grito ahogado y desesperado. Necesitaba encontrarla, necesitaba reparar el vínculo que habíamos destruído, retornar a nuestros orígenes. Corrí como nunca había corrido, me choqué contra varios árboles, convirtiendo mi ropa en apenas unos jirones, hiriendo mis manos, desgarrando mis talones, y cuando la noche dejó de ser oscura logré regresar al claro donde había dejado a Hiromi, encontrándola mal herida en el suelo, presa de unas hienas que habían aprovechado la soledad para devorarla, pero ella no se rindió, siguió luchando porque sabía que volvería a buscarla. Eso me dijo. Ni un solo reproche, ni un ápice de rencor. Siempre había estado ahí, esperando en mitad de la oscuridad a que volviese por ella.
Este bosque de secuoyas, en el que nos aventuramos un año atrás, trajo consigo la compañía de un guía que se nos presentó como El Guardián del bosque. Nos aseguró que conocía todos los rincones de la espesura y que bajo sus indicaciones llegaríamos muy lejos. Hiromi no se acababa de creer tal discurso, pues ella aseguró que sus rasgos físicos y su manera de hablar era muy similar a algunos guerreros de regiones remotas a los que habíamos sorteado con anterioridad. El Guardián juró y perjuró que no había salido jamás de ese bosque y no se debía más que a coincidencias de la naturaleza y que había guiado a tantos nómadas a lo largo de su existencia que había adoptado su extraño lenguaje. Hiromi y yo accedimos a que nos acompañara en el viaje, pues un aliado siempre es un punto a favor en mitad de un camino rocoso, en el que sostenerte cuando flaqueas, en el que poder permitir bajar la guardia por un momento. Al principio nos sorprendió, en efecto, los amplios conocimientos que tenía sobre la naturaleza que nos rodeaba y la gran cantidad de anéctodas que guardaba bajo el brajo, después de tantos años de experiencia en la vida, frente a los cuales Hiromi y yo nos sentíamos meros principiantes en la aventura de la supervivencia. Casi sin darnos cuenta, El Guardián se convirtió en uno más de los nuestros, luchando los tres contras las adversidades que se nos plantaban, confesando nuestros anhelos e ideales, descubriendo que teníamos diferencias, pero también nos unían las pasiones. Era difícil pensar que hubo una época lejos de aquel cobijo en el que incluso olvidamos lo dañina que era la niebla que cubría las ramas de las secuoyas, ignorando a los aliados esporádicos que nos prevenían sobre El Guardián del bosque, pues tenía fama de embaucador. Ignoré todas y cada una de las advertencias ¿Cómo algo que hacía sentir tan bien podía ser dañino?
Empecé a dejar de lado mi propósito original y comencé a vislumbrar unos nuevos, marcándome nuevos horizontes. Desgraciadamente también aparté a Hiromi, pues a El Guardián no parecía agradarle, pues consideraba de bajeza su actitud, menospreciándola y humillándola cada vez con mayor frecuencia e intensidad. No vi nada de eso, sólo observaba, como un recuerdo latente de algo no ocurrido, el futuro brillante más allá del bosque. Un buen día, como lo pudo ser otro cualquiera, me despertó a media noche, cuando aún Hiromi dormía, y me pidió que lo acompañara a dar un paseo, pues algunos pesares lo atormentaban desde hacía tiempo y necesitaba aclarar sus ideas. Como había hecho siempre, lo acompañé sin más dilación, sin preguntar, considerando siempre que cualquier decisión adoptada por él era siempre la más sabia. Sin tener tiempo a reaccionar me dijo que había escuchado a un grupo de peregrinos que viajaba por el bosque hacía unos días, que había escuchado sus propósitos y consideró que lo más apropiado sería guiarlos a ellos, pues sus ideas eran más cercanas a las suyas, y sintió que no podía ir más allá, cargando con un una cría estrafalaria y un enclenque. Me repitió una y otra vez que lo hacía por nuestro bien y que si el día de mañana necesitábamos su ayuda siempre estaría ahí para nosotros, que tan sólo debía utilizar el walkie-talkie en la frecuencia que ya conocía. No supe qué decir, no supe qué hacer, mientras se alejaba como un desgarro del viento. En mitad de la nada grité, desubicado, tratando de entender el por qué había sucedido todo, si creía que habíamos formado una triada invencible, capaz de anteponerse a cualquier adversario. Entonces entendí que no había jugado bien las reglas del juego y que había apartado a mi razón de ser desde el inicio, que me había traicionado a mí mismo en pos de una realidad inexistente. Me encontraba perdido en la oscuridad, sin manera de saber cómo volver atrás y recuperar a Hiromi. Clamé su nombre desde la penumbra, en un grito ahogado y desesperado. Necesitaba encontrarla, necesitaba reparar el vínculo que habíamos destruído, retornar a nuestros orígenes. Corrí como nunca había corrido, me choqué contra varios árboles, convirtiendo mi ropa en apenas unos jirones, hiriendo mis manos, desgarrando mis talones, y cuando la noche dejó de ser oscura logré regresar al claro donde había dejado a Hiromi, encontrándola mal herida en el suelo, presa de unas hienas que habían aprovechado la soledad para devorarla, pero ella no se rindió, siguió luchando porque sabía que volvería a buscarla. Eso me dijo. Ni un solo reproche, ni un ápice de rencor. Siempre había estado ahí, esperando en mitad de la oscuridad a que volviese por ella.
-No volveré a dejar que suceda-proseguí-. Cualquiera que
decida unirse a nuestra causa debe creer en ella.
Hiromi sonrió. No pude verle la
cara, pero pude sentirlo.
-Quizá nuestra causa es un imposible.
-Si nosotros no creemos en ella,
no encontraremos a nadie que lo haga.
Lancé un suspiro al aire.
-Soy una carga para ti-masculló
Hiromi-. Lo mejor sería que me dejaras aquí y seguir por tu cuenta. Sería lo
más fácil.
-Dejarte aquí sería renunciar a
quien soy-reprobé-. No, Hiromi, aunque llegemos los dos solos a Archiria, jamás
volveré a apearte en el sendero. Es nuestra lucha, de los dos. Somos las dos
caras de una moneda, sin el uno no existe el otro.
Hiromi se aferró a mí con fuerza.
-Volverá el día en el que
recupere de nuevo el fulgor que perdí y podré luchar a tu lado como lo hice en
otrora.
-Juntos formamos un gran
equipo-alenté, emocionado-. Hemos conseguido mucho cooperando. Si bien es
cierto que no siempre hemos obrado bien, que en muchas ocasiones hemos
elucubrado mal para poder seguir adelante, hemos dañado a mucha gente, pero
también tengo que añadiir que en muchas fue a causa del temor y la
inexperiencia.
-Y que si algo tiene la niebla es
que ya hemos respirado tanto su aroma que somos prácticamente inmunes a su
veneno-añadió Hiromi, con voz aún cansada pero con un tono más jovial.
Seguimos caminando unos minutos
más y contemplamos a lo lejos el final del bosque, cuyo centelleo era casi
cegador. Un año caminando bajo el bosque de secuoyas que por fin llegaba su
fin. Desconocíamos qué habría más allá de los troncos marchitos, cuántos
enemigos habría que derribar y cuántos aliados encontraríamos a lo largo del
nuevo sendero. El Guardián del bosque comenzó a hablar por el walkie-talkie,
como hacía algunas veces. Nunca se interesaba por conocer el estado de salud de
nosotros dos, simplemente hacía apariciones esporádicas para contarnos
experiencias mundanas o anécdotas sin importancia sobre su día a día con nuevos
viajeros. Descubrí entonces lo absurdo que había sido aferrarse a un
sentimiento que no era más que los restos de un sinsentido disfrazado de
esperanza. Me arranqué el aparado de la cintura y lo arrojé bien lejos. Lo
único que necesitaba para seguir adelante lo había tenido siempre conmigo y
cargar con ese peso sobre los hombros era el mayor orgullo del que podía
presumir. Sobre mis manos heridas siempre estaría escrito. Porque la nuestra
era una historia rota, pero también una historia que se construye a base de
pedazos.
jueves, 8 de agosto de 2013
Guerrero
Entre los muros de la tiranía medita en soledad el guerrero, aciago bajo las tormentas incesantes que calan hondo en lo más profundo de sus huesos.
Sabe que cada segundo marcará la diferencia, y será un estandarte u otro el que se ondee victorioso entre todos los caídos.
Su himno no tiene letra, ni es cantado por coros celestiales, ni tan si quiera tiene tambores o una sinfonía pegadiza: Su himno son los latidos vigorosos del corazón y no tiene otra bandera que la camisa que empapó con el sudor de su esfuerzo.
Guerrero no es quien fulmina ejércitos y arrasa naciones.
martes, 26 de marzo de 2013
Vamos a por ello
Todo cambio ayuda a crecerse y a superarse.
Porque al principio dudas de todo aquello que importa y las prioridades pierden sentido.
Pero sólo en las adversidades puedes demostrar tu valía; si no hay batalla no hay victoria.
Porque una vela es nimia a la luz del día, pero es un milagro en mitad de la noche.
Porque al principio dudas de todo aquello que importa y las prioridades pierden sentido.
Pero sólo en las adversidades puedes demostrar tu valía; si no hay batalla no hay victoria.
Porque una vela es nimia a la luz del día, pero es un milagro en mitad de la noche.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Adiós, querido año de los Mayas
Hojas del calendario que caen, números tachados, fechas que llegan sin que apenas tengas tiempo de contener el aliento y pronunciarlas.
Un año más que queda atrás, junto a los recuerdos y las grandes vivencias que he experimentado en él.
Ha sido un año bastante duro, pero a pesar de todo sólo me sale decir cosas positivas de éste, pues de las malas he sacado mis propias conclusiones y puede decirse que cada cicatriz es una lección ¿no?
En este 2012 me he estrenado como tío, sacando a relucir una parte de mi persona que desconocía; he acabado el curso de laboratorio...Un curso estupendo, en el cuál las risas estaban a la orden del día, y que por el momento seguimos creando más situaciones cómicas de las que poder acordarnos.
El que más me marcó, el vivir la vida por mi mismo, lejos del lecho familiar, siendo yo la única persona que sustenta mi existencia. Algo duro al principio, una experiencia algo solitaria y fría en un principio, de la cuál he sabido sacar el mayor provecho y disfrutar de las posibilidades que trae consigo.
Algo acertado, pues ahora puedo decir que tengo dos hogares.
Viajé hasta Sevilla para ver a los frikis de los vloggers de Tubeespaña. Sin duda es algo único que sólo uno puede experimentar acudiendo... Son sentimientos y experiencias elevadas a la máxima. Todo muy, muy intenso. Por otro lado conocer a más vloggers de alrededores de Barcelona. Sólo me siento vlogger cuando estoy rodeado de ellos.
Otro Festival de Cine de Sitges. Más "Lishan Guz", otra noche a la interperie, la última de la saga...Pero creedme, encontraré más motivos por los que ir.
He estrechado más lazos con aquellos que ya me acompañaban, y aquellos que no han sido lo suficientemente fuertes han acabado por deshilacharse. Ley de vida.
Y por no decir las fiestas...Creo que jamás lo he dado tanto todo como este año. Que, por cierto, La Kechas ha sacado disco, y debo mencionarlo.
Con orgullo puedo decir que estoy satisfecho con las huellas que han quedado en la senda, y que de volver atrás volvería a pisar sobre las mismas.
Enorme 2012. Sólo espero que el 2013 sea, ni que sea, la estela de lo que este año ha sido. Que lleguen proyectos nuevos, más viajes, más experiencias, más cambios. Que la vida siga su curso.
Una y mil veces más, a seguir el rumbo. Espero que me acompañes.
Un año más que queda atrás, junto a los recuerdos y las grandes vivencias que he experimentado en él.
Ha sido un año bastante duro, pero a pesar de todo sólo me sale decir cosas positivas de éste, pues de las malas he sacado mis propias conclusiones y puede decirse que cada cicatriz es una lección ¿no?
En este 2012 me he estrenado como tío, sacando a relucir una parte de mi persona que desconocía; he acabado el curso de laboratorio...Un curso estupendo, en el cuál las risas estaban a la orden del día, y que por el momento seguimos creando más situaciones cómicas de las que poder acordarnos.
El que más me marcó, el vivir la vida por mi mismo, lejos del lecho familiar, siendo yo la única persona que sustenta mi existencia. Algo duro al principio, una experiencia algo solitaria y fría en un principio, de la cuál he sabido sacar el mayor provecho y disfrutar de las posibilidades que trae consigo.
Algo acertado, pues ahora puedo decir que tengo dos hogares.
Viajé hasta Sevilla para ver a los frikis de los vloggers de Tubeespaña. Sin duda es algo único que sólo uno puede experimentar acudiendo... Son sentimientos y experiencias elevadas a la máxima. Todo muy, muy intenso. Por otro lado conocer a más vloggers de alrededores de Barcelona. Sólo me siento vlogger cuando estoy rodeado de ellos.
Otro Festival de Cine de Sitges. Más "Lishan Guz", otra noche a la interperie, la última de la saga...Pero creedme, encontraré más motivos por los que ir.
He estrechado más lazos con aquellos que ya me acompañaban, y aquellos que no han sido lo suficientemente fuertes han acabado por deshilacharse. Ley de vida.
Y por no decir las fiestas...Creo que jamás lo he dado tanto todo como este año. Que, por cierto, La Kechas ha sacado disco, y debo mencionarlo.
Con orgullo puedo decir que estoy satisfecho con las huellas que han quedado en la senda, y que de volver atrás volvería a pisar sobre las mismas.
Enorme 2012. Sólo espero que el 2013 sea, ni que sea, la estela de lo que este año ha sido. Que lleguen proyectos nuevos, más viajes, más experiencias, más cambios. Que la vida siga su curso.
Una y mil veces más, a seguir el rumbo. Espero que me acompañes.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Relato erótico, "Bianca"
-Para mí un
cortado-pidió Abigail al camarero del bar que se situaba frente a la oficina-¿Y
tú qué quieres, Bianca?
-¿Perdón?
-Que qué vas
a tomar-bufó.
-Café con
leche, por favor-respondió al camarero-. La leche, si puede ser, que sea del
tiempo.
El camarero
sonrió cortésmente y se marchó. Cuando devolví la vista al frente, Abigail me
escrutaba el rostro.
-¿Qué te ha
pasado en este fin de semana que te ha dejado por las nubes?
Solté un
suspiro. ¿Por dónde empezar?
-¿Otro
hombre?-recriminó-¿Cuántos van ya? En tres meses te has acostado con cuántos
¿15 tal vez?
Fruncí el
ceño.
-¿Me lo
dices tú o la envidia que te corroe?-escupí, envenenada-. Abi, con este no es
como con los demás, le veo mucho futuro a esta relación.
El rostro
receloso de mi compañera se difuminó hasta convertirse en uno más afable.
-¿Y desde
cuándo le conoces?
Esa pregunta
ya me gustaba más.
-Desde hace
una semana- al recordar nuestro primer encuentro, un escalofrío me recorrió la
espalda-. El otro día estuve de compras en una lujosa tienda de ropa, de estas
de escándalo que tanto están de moda. Pues bien, él es el encargado, y al verme
tan divina con esos vestidos cualquiera se resiste.
Hemos pasado
un fin de semana alucinante, Abi, de verdad. Me trata como a una auténtica
reina.
El camarero
trajo ambos cafés y yo estaba tan entusiasmada contando mi relato, que le di un
sorbo al café sin haberle echado antes el azúcar.
-Espero que
no te equivoques y sea el definitivo- deseó Abigail con un cierto toque de
preocupación en su voz. Me cogió la mano y me la apretó fuerte-. No quiero
volver a verte sufrir, no lo mereces.
-Gracias,
amiga.
Se portaba
conmigo, más que como lo hacía una amiga.
Era más bien como la madre que había perdido en mi niñez a causa de una grave enfermedad que alargó su sufrimiento hasta límites insospechados, siento lenta y tortuosa, debido a que nuestra familia carecía del poder adquisitivo suficiente como para poder costear todos los gastos para paliar los efectos nocivos de la enfermedad.
Era más bien como la madre que había perdido en mi niñez a causa de una grave enfermedad que alargó su sufrimiento hasta límites insospechados, siento lenta y tortuosa, debido a que nuestra familia carecía del poder adquisitivo suficiente como para poder costear todos los gastos para paliar los efectos nocivos de la enfermedad.
Era una
espina que llevaba clavada en el pecho desde temprana edad y, por más que lo
pienso, creo que ha sido uno de los motivos que me ha convertido en una persona
ambiciosa y ávida de poder: La imagen de ver cómo el dinero puede marcar la
diferencia abismal en determinadas ocasiones entre la felicidad y la amargura
-¿Y... en la
cama qué tal es?-preguntó Abigail en tono picarón, bajando la voz.
Normalmente
era muy correcta y prudente a la hora de hacer preguntas sobre mis relaciones,
ya que ella era muy clásica, pero como yo igualmente contaba todos los detalles
escabrosos, en ocasiones no esperaba a que fuese yo quien los dijese.
Poco a poco,
iba rompiendo ese cascarón suyo tejido de clasicismo.
-Es una
fiera-relaté. Tiene su lado tierno, sabe llevarme al cielo con sus besos. Y no
veas lo bien que come el coño.
-¡Bianca,
por favor!-se escandalizó la mujer-. Habla más bajo que en este bar todo el
mundo nos conoce.
Se ajustó el
cuello de la camisa y observó a nuestro alrededor por si alguien nos estaba
escuchando.
-¡Que
escuchen, así aprenden!-vociferé-. Si hicieran con el clítoris lo mismo que con
el joystick de la consola, todas gozaríamos más en la cama.
-¿Qué tal calzaba?-insistió,
ruborizada.
Solté una
leve risita.
-Normalita,
aunque algo gorda, pero me llenaba más que otros pollones que me he encontrado,
que no sabían ni por dónde empezar-argumenté.
Abigail se
santiguó y comenzó a carcajearse.
-¡Qué poca
vergüenza la mía!-exclamó-. Te he preguntado antes por su… que pro su nombre.
-Ernesto-revelé
con una amplia sonrisa en el rostro-. Y si me disculpas, voy a llamarle por
teléfono para ver cómo está.
Me levanté
de la silla mientras macaba su teléfono.
Mi corazón
latía a mil por hora, las manos me sudaban. Todo mi cuerpo mandaba señales de
auxilio, necesitaba sentir su tacto de nuevo. Por una parte me encontraba
encantada con este estado de euforia interna, pero por otro lado temía que eso
me hiciera débil y me sometiese a él, convirtiéndome en un ser carente de
carisma, ser frágil, y en el momento en el que más predispuesta me sintiese a
satisfacer sus caprichos, me arrojase al vacío como a un perro viejo.
-¿sí?-contestó
su voz, quebrada. Parecía algo adormilado.
Comencé a
caminar en círculos, una costumbre que tenía siempre que hablaba por teléfono.
-¿Te he
despertado, amor?
Se hizo un
pequeño silencio, aunque le escuchaba respirar. Sus neuronas estarían
despertándose y no habrían procesado aún la simple pregunta.
-No, ya
estaba despierto, pero estaba en la cama haciendo el pensamiento de levantarme.
Lo que yo
decía, estaba adormilado.
-Llevo toda
la mañana pensando en ti, y espero que tú estés haciendo lo mismo-susurré
dulcemente.
De pronto,
una tercera voz irrumpió en nuestra conversación al otro lado del teléfono:
-¿Quién es
mi vida?
Se trataba
de una voz femenina.
Mi corazón
se heló de pronto.
-Uno de los
proveedores de la tienda, no te preocupes-mintió Ernesto a la otra. O, espera
un momento. La otra era yo-. Bianca, escucha-añadió bajando el tono de voz
hasta ser un sonido casi inaudible-. Ha sido maravilloso, pero estoy casado y
lo nuestro no ha sido más que cuatro polvos esporádicos, brutales, pero sólo
polvos. Espero que lo entiendas.
La
respiración se aceleraba en mi pecho, me costaba incluso tragar mi propia
saliva.
-Sí, lo
entiendo-espeté-. Entiendo que eres un desgraciado de mierda y que esta me la
vas a pagar.
-Tranquilízate,
por favor-me pidió con voz nerviosa.
Solté una
risa irónica.
-¿Encima te
crees en condiciones de pedir?-rugí-. No sabes, pero has ido a joder a la zorra
equivocada. Tengo muy mala hostia y para mí, remordimiento es el nombre de una
planta.
-¿Qué
piensas hacer?- se estaba acojonando.
-Retorcerte
las pelotas de una forma que ninguna otra zorra te ha hecho jamás-contesté,
serena, aunque mis ojos estaban desbordados de lágrimas de rabia y desilusión.
No iba a
permitir jamás de los jamases que nadie volviese a quedar por encima de mí.
Con ser
tonta una vez en mi vida había tenido suficiente.
-Siento
haberte hecho daño-lamentó con falsa aflicción.
Y demasiado
tarde.
-Tranquilo,
no me has hecho daño-mentí, tratando de sonar lo más convincente posible,
aunque las lágrimas comenzaban a ahogarme y no tardaría en tartamudear-. Ni si
quiera me has hecho daño en la cama. Cada vez que gemía porque me partías el
pistacho no era más que para no hundirte. He tenido polvos mejores. Ah, y
recuerdos a Celeste.
Colgué el
teléfono y me dirigí rabiosa hasta la mesa.
-Abigail,
olvida la conversación que acabamos de tener-tercié-. Necesito que me digas de
una copistería cercana: tengo una cosa que hacer.
sábado, 20 de octubre de 2012
Voluntad
El dolor no es malo, forma parte del aprendizaje.
Confiar no es una debilidad, es una virtud peligrosa.
Uno debe de seguir sus propios instintos: La gente puede hablar, decir, aconsejar; pero toda circunstancia acompaña a la persona, no se pueden aplicar los mismo valores y procedimientos en todos los casos: NO siempre funciona.
Si quieres mejorar, si quieres progresar debes ser tú quien siga adelante, quien se lleve todos y cada uno de los golpes que la vida aguarda.
Así, y sólo así, es cuando apreciarás y valorarás todos y cada uno de los bellos momentos que esperan más adelante.
¿O te perderás la vida mientras preguntas qué debes hacer?
viernes, 24 de agosto de 2012
Apariencias
Nadie es como dice, nadie es como pensamos.
Ni un rostro, ni tan sólo una mirada, mucho menos las palabras.
Las cosas no tienen un significado predefinido, sino que es cada uno quién se lo adjudica.
De igual manera ocurre con las personas:
Interpretamos gestos, a veces erróneamente. Sonrisas cálidas, que pueden ser sonrisas malintencionadas.
Creemos en palabras que escupen como si fuera un veneno mortal; pero a nosotros nos parecen las promesas que nos acercan al paraíso.
A veces acertamos, a veces erramos.
De lo que sí que estoy completa y absolutamente seguro, es que nadie es nunca tal y como imaginamos en su totalidad, siempre habrá un resquicios que sólo esa persona conoce.
domingo, 5 de agosto de 2012
La ecuación del Orden y Caos
La vida sigue hacia adelante, como una gran rueda que gira sin detenerse por nada ni nadie.
El paso del tiempo es inexorable.
Todo es una gran paradoja en la cual nos vemos inmersos.
Remolino fatídico y hermoso.
En mitad del caos las cosas buscan su orden, así como el agua de lluvia nunca sube, sino baja; o el sol sale siempre por el este.
Todo surge del caos y acaba en el orden.
Por eso quien tiene todo acaba sin nada, puesto que las cosas no permanecen para siempre en las mismas manos.
Somos variables de un cálculo constante: Quien desvele la incógnita de su ecuación, sabrá evitar el caos y restaurar su orden.
Implicaciones del crecer
Crecer implica renuncia.
Implica mayor compromiso con los quehaceres.
Trae consigo mayores consecuencias y responsabilidades.
Pérdida de la libertad, pérdida de inocencia.
Pero si tienes metas, si te aferras a tus sueños; crecer es como dotarte de poderosas armas para lograrlo: Experiencia, confianza, tenacidad, orgullo, arrojo, fuerza y vigor.
jueves, 24 de mayo de 2012
Una segunda oportunidad
Una noche calurosa de un 24 de mayo de 2010.
Una habitación solitaria, silenciosa, con olor a plástico a desinfectante.
Me encontraba recostado sobre el duro colchón de la cama, boca arriba, contando los puntos que había en el techo, tratando de desviar mis pensamiento hacia cosas básicas y banales, alejando de mi mente los temores que me acechaban, la pena, la añoranza y la impotencia.
Pero por encima de todas esas cosas: la soledad.
Me di cuenta de lo solo que se encuentra el ser humano ante algo tan sublime como la muerte.
Puedes tenerlo todo en vida, en cambio no tener nada en la muerte.
No hay nada que pueda mantenerte atado si esta decide que ha llegado tu momento.
Creo que nadie podrá saber nunca lo que sentí, a no ser que se haya enfrentado a la misma situación.
El saber que no había marcha atrás me hizo no pensar en un futuro más allá del 25 de mayo de ese año: Para mí no estaba seguro el futuro, no hice planes para más adelante (aunque una parte de mí seguía pensando que todo iría bien, mi parte racional me ataba a la vorágine destructiva).
Las horas pasaban y cada bocanada de aire era un regalo para mí, cualquiera podía ser la última.
No dejé de pensar en la gente que había significado algo para mí, y cómo sería su vida si yo no llegase a salir del hospital.
Pensé en todas las cosas que me iba a perder, cosas estúpidas, pero que en ese momento para mí valían como oro en paño.
Maldije todos los momentos que desaproveché, el tiempo tirado a la basura, el no haberme enfrentado a algunas circunstancias.
Y ahí estaba yo, tumbado en la cama, esperando el momento de la verdad, a que la moneda fuese lanzada al aire y se declinase por un lado u otro de la balanza.
La noche se hizo eterna, y sobra decir que apenas logré conciliar el sueño.
Mi corazón palpitaba a cien por hora, y en ese momento lo único que hubiese querido hacer hubiera sido huir, escapar lejos, detener las manecillas del reloj.
Cualquier cosa que me liberase del destino.
Pero hay promesas que valen más que el miedo, y el amor vale más que la propia vida.
Di un paso firme sobre un terreno agrietado.
Las horas pasaron y llegó el momento: Debía bajar a quirófano.
Lo único que recuerdo es un mar de lágrimas.
No fue por nada en concreto, pero todos mis miedos se manifestaron de golpe.
Me sentía débil e insignificante.
Fui trasladado en camilla por pasillos interminables, donde lo único que se veía era la luz de los fluorescentes del techo y ráfagas de gente que cruzaba de un lado a otro.
Aún me estremezco al recordarlo.
Y, curiosamente, ese fue en el momento en el que me sentí realmente vivo: Cuando vi la fragilidad del ser humano, contemplando que nada es eterno y que un segundo puede marcar la diferencia.
Afortunadamente para mí, esta historia finalizó exitosamente.
Creo que ya no veo la vida con los mismos ojos: ahora aprecio sustancialmente las cosas que me rodean y trato de disfrutar con todas y cada una de las cosas que hago y sobre todo hacer feliz a la gente que me importa, porque descubrí que la risa es capaz de sacar el coraje refulgente.
Es mi cometido, o así quiero yo que sea.
La vida vale demasiado, y si sólo lloras, las lágrimas no dejarán que aprecies los matices que esta te ofrece.
viernes, 18 de mayo de 2012
Manteniendo el tipo
Cuando el dolor llega tienes dos opciones:
Doblegarte o Sobreponerte.
Prefiero sobreponerme, sonreír aunque duela, apretar con fuerza sobre las heridas y esperar a que el tiempo me vuelva fuerte y haga desaparecer el dolor.
La espera es más agradable si entre risas que en mitad del llanto.
No se trata de ser fuerte o débil: Se trata de la cantidad de ganas que tengas de vivir.
Egoismo
Para ti no existe nada más que tu ego.
Sólo ves tu reflejo en cada retazo de luz que impacta contra tu alrededor.
Me he partido el espinazo tratando de complacerte; en cambio tú mirabas para otro lado.
Ves como la gente sufre y no parece importarte en absoluto y apartas las molestias como si se tratase del polvo que se acumula sobre tu ropa.
Aunque veas que la gente que te quiere se hunde, no tratarás de salvarlos por temor a que puedas hundirte sólo un poco en el fango, tratando de evitar que el sudor se derrame por tu perfecto rostro.
Aunque el resto del mundo se retuerza de dolor, proseguirás tu camino a las estrellas caminando sobre los cuerpos de quienes lucharon por ti.
lunes, 16 de abril de 2012
Sangre y lágrimas
Sangre y lágrimas, siempre tan unidas a mi vida, por desgracia.
Las primeras surgen cuando se daña el cuerpo, las segundas cuando se rasga el alma.
Hubo un tiempo en el que mi vida no daba tumbos y todo era un mar en calma.
Ahora, cada vez que doblo la esquina siento el frío de sus miradas, como una hoja de acero que atraviesa mi mente y paraliza cada apéndice de mi cuerpo.
Hay quien asegura que todo pasa por algo, que la vida no es más que la consecuencia de acciones atropelladas en despropósitos que a veces acaban bien.
Otros, se aferran a la voluntad de uno o más seres todopoderosos que rigen las normas del destino y la naturaleza de nuestro mundo, que incluso lo que pensamos es controlado por ellos, lejos de existir el libre albedrío.
Para mí esto es una locura, una espiral caótica que gira en torno a mi universo, y mi único objetivo es trepar a su vórtice y demostrar que soy más fuerte que toda la bazofia que se me presenta.
Aparecieron ello, rompiendo cualquier esquema previamente desarrollado, los estudios de los grandes científicos de renombre, cualquier creencia religiosa, desbancando moralidades establecidas, provocando conflictos.
Se les apodó de muchas formas: "Psicoparásitos, malditos, esquizofrénicos".
Yo los llamo Coşmaruri.
Para mí son la pesadilla que cambió el rumbo del mundo.
Antes negaba lo sobrenatural, ahora formo parte del lado oscuro de la humanidad.
Fui la culpable de abrir la caja de Pandora, ahora no tengo más remedio que ponerle fin a este caos.
Soy Viorica Constantin, y lucharé hasta mis últimas lágrimas.
Las primeras surgen cuando se daña el cuerpo, las segundas cuando se rasga el alma.
Hubo un tiempo en el que mi vida no daba tumbos y todo era un mar en calma.
Ahora, cada vez que doblo la esquina siento el frío de sus miradas, como una hoja de acero que atraviesa mi mente y paraliza cada apéndice de mi cuerpo.
Hay quien asegura que todo pasa por algo, que la vida no es más que la consecuencia de acciones atropelladas en despropósitos que a veces acaban bien.
Otros, se aferran a la voluntad de uno o más seres todopoderosos que rigen las normas del destino y la naturaleza de nuestro mundo, que incluso lo que pensamos es controlado por ellos, lejos de existir el libre albedrío.
Para mí esto es una locura, una espiral caótica que gira en torno a mi universo, y mi único objetivo es trepar a su vórtice y demostrar que soy más fuerte que toda la bazofia que se me presenta.
Aparecieron ello, rompiendo cualquier esquema previamente desarrollado, los estudios de los grandes científicos de renombre, cualquier creencia religiosa, desbancando moralidades establecidas, provocando conflictos.
Se les apodó de muchas formas: "Psicoparásitos, malditos, esquizofrénicos".
Yo los llamo Coşmaruri.
Para mí son la pesadilla que cambió el rumbo del mundo.
Antes negaba lo sobrenatural, ahora formo parte del lado oscuro de la humanidad.
Fui la culpable de abrir la caja de Pandora, ahora no tengo más remedio que ponerle fin a este caos.
Soy Viorica Constantin, y lucharé hasta mis últimas lágrimas.
sábado, 7 de abril de 2012
Elemental

Respira, que el viento te otorga oxígeno.
Siente, que el fuego te asegura la pasión.
Llora, que el agua te arrebata las lágrimas.
Cae, que la tierra detendrá tu caída.
Por desgracia, por muy simple que parezca todo, no podemos ser un sólo elemento.
Somos la mezcla de todos y cada uno de ellos.
Somos el fuego en los momentos tórridos, en la rabia y en la ira; somos aire cuando creemos tener la suficiente confianza para demostrar al mundo que no tememos despeñarnos desde lo más alto; somos el agua cuando estamos tristes, cuando nos deshacemos en la maraña de melancolía; y somos la tierra cuando necesitamos un escudo que detenga los proyectiles que nos arrojan.
Elemental.
viernes, 2 de marzo de 2012
Cegado por una luz

Éxtasis frenético. Estado de máxima felicidad.
Fotografías de momentos increíbles, código que sólo nosotros entendemos.
Recuerdos absurdos e incalculablemente valiosos.
Sería el escudo que frenase las llamas de la discordia si osaran tratar de herirles.
Miradas cómplices, abrazos eléctricos.
Gente que comparte su felicidad y carga mis lágrimas.
Consiguen que un lugar cualquiera se convierta en un santuario.
Con ellos no es necesario fingir, lo saben todo sobre mí porque lo han vivido a mi lado. Su reflejo fue el que me cegó. Cegado por una luz.
jueves, 23 de febrero de 2012
Algo diferente

Siento algo extraño, a pesar de ver la vida desde los mismos ojos, parece que el prisma con el que la enfoco ha cambiado.
Donde antes veía un vaso medio vacío ahora lo veo a rebosar, donde veía sombras ahora veo haces luminosos, cuando siento el viento en mi rostro no siento sus cortes, sino que es como una brisa que refuerza el aire que aviva mis pulmones.
Cuando todo se detiene yo comienzo la marcha.
Los atardeceres para mí se vuelven un descanso para aparcar a un lado los progresos y coger impulso.
Sigo sin entender porque aun siendo conocedor de todas mis debilidades, de saber que tan sólo un soplido podría derrumbarme sigo dando cabezazos masoquistas contra el destino.
Una vez me dijeron que se llamaba entereza al espíritu de lucha que arraiga con todos los obstáculos que nos crucemos.
Mañana quizá llore, pero hoy me invade la entereza.
jueves, 9 de febrero de 2012
Arma de doble filo

¿Erramos entre aciertos o acertamos entre errores?
Intentando abrazar la felicidad, nuestro ego, a veces nos llevamos todo por delante, como un huracán imperante y todo poderoso, que arrasa con su torbellino cualquier cosa que ose interponerse en su trayectoria.
Herimos, consciente o inconscientemente, al igual que nos hieren a nosotros.
Piensas que el mal que hiciste podría haber sido menor si tus pasos hubiesen estado más medidos, si quizá el huracán se hubiese retenido un poco más antes de soltarlo, esperando a que amainara.
Pero a veces ni tú mismo puedes aguantarte y tiras adelante con todas las consecuencias, aún sabiendo que seguramente estas serán más duras de lo que imaginabas, y a pesar de todo decides continuar hacia adelante.
Piensas que es posible que tengas tiempo para lamentarte, pero no sé siempre los lamentos enmiendan los daños.
Quejándonos del mal recibido nos olvidamos del veneno que escupimos.
No hay víctimas ni agresores, si no un campo de batalla donde creemos que todo vale para alcanzar la ansiada felicidad.
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