Hojas del calendario que caen, números tachados, fechas que llegan sin que apenas tengas tiempo de contener el aliento y pronunciarlas.
Un año más que queda atrás, junto a los recuerdos y las grandes vivencias que he experimentado en él.
Ha sido un año bastante duro, pero a pesar de todo sólo me sale decir cosas positivas de éste, pues de las malas he sacado mis propias conclusiones y puede decirse que cada cicatriz es una lección ¿no?
En este 2012 me he estrenado como tío, sacando a relucir una parte de mi persona que desconocía; he acabado el curso de laboratorio...Un curso estupendo, en el cuál las risas estaban a la orden del día, y que por el momento seguimos creando más situaciones cómicas de las que poder acordarnos.
El que más me marcó, el vivir la vida por mi mismo, lejos del lecho familiar, siendo yo la única persona que sustenta mi existencia. Algo duro al principio, una experiencia algo solitaria y fría en un principio, de la cuál he sabido sacar el mayor provecho y disfrutar de las posibilidades que trae consigo.
Algo acertado, pues ahora puedo decir que tengo dos hogares.
Viajé hasta Sevilla para ver a los frikis de los vloggers de Tubeespaña. Sin duda es algo único que sólo uno puede experimentar acudiendo... Son sentimientos y experiencias elevadas a la máxima. Todo muy, muy intenso. Por otro lado conocer a más vloggers de alrededores de Barcelona. Sólo me siento vlogger cuando estoy rodeado de ellos.
Otro Festival de Cine de Sitges. Más "Lishan Guz", otra noche a la interperie, la última de la saga...Pero creedme, encontraré más motivos por los que ir.
He estrechado más lazos con aquellos que ya me acompañaban, y aquellos que no han sido lo suficientemente fuertes han acabado por deshilacharse. Ley de vida.
Y por no decir las fiestas...Creo que jamás lo he dado tanto todo como este año. Que, por cierto, La Kechas ha sacado disco, y debo mencionarlo.
Con orgullo puedo decir que estoy satisfecho con las huellas que han quedado en la senda, y que de volver atrás volvería a pisar sobre las mismas.
Enorme 2012. Sólo espero que el 2013 sea, ni que sea, la estela de lo que este año ha sido. Que lleguen proyectos nuevos, más viajes, más experiencias, más cambios. Que la vida siga su curso.
Una y mil veces más, a seguir el rumbo. Espero que me acompañes.
lunes, 31 de diciembre de 2012
viernes, 2 de noviembre de 2012
Relato erótico, "Bianca"
-Para mí un
cortado-pidió Abigail al camarero del bar que se situaba frente a la oficina-¿Y
tú qué quieres, Bianca?
-¿Perdón?
-Que qué vas
a tomar-bufó.
-Café con
leche, por favor-respondió al camarero-. La leche, si puede ser, que sea del
tiempo.
El camarero
sonrió cortésmente y se marchó. Cuando devolví la vista al frente, Abigail me
escrutaba el rostro.
-¿Qué te ha
pasado en este fin de semana que te ha dejado por las nubes?
Solté un
suspiro. ¿Por dónde empezar?
-¿Otro
hombre?-recriminó-¿Cuántos van ya? En tres meses te has acostado con cuántos
¿15 tal vez?
Fruncí el
ceño.
-¿Me lo
dices tú o la envidia que te corroe?-escupí, envenenada-. Abi, con este no es
como con los demás, le veo mucho futuro a esta relación.
El rostro
receloso de mi compañera se difuminó hasta convertirse en uno más afable.
-¿Y desde
cuándo le conoces?
Esa pregunta
ya me gustaba más.
-Desde hace
una semana- al recordar nuestro primer encuentro, un escalofrío me recorrió la
espalda-. El otro día estuve de compras en una lujosa tienda de ropa, de estas
de escándalo que tanto están de moda. Pues bien, él es el encargado, y al verme
tan divina con esos vestidos cualquiera se resiste.
Hemos pasado
un fin de semana alucinante, Abi, de verdad. Me trata como a una auténtica
reina.
El camarero
trajo ambos cafés y yo estaba tan entusiasmada contando mi relato, que le di un
sorbo al café sin haberle echado antes el azúcar.
-Espero que
no te equivoques y sea el definitivo- deseó Abigail con un cierto toque de
preocupación en su voz. Me cogió la mano y me la apretó fuerte-. No quiero
volver a verte sufrir, no lo mereces.
-Gracias,
amiga.
Se portaba
conmigo, más que como lo hacía una amiga.
Era más bien como la madre que había perdido en mi niñez a causa de una grave enfermedad que alargó su sufrimiento hasta límites insospechados, siento lenta y tortuosa, debido a que nuestra familia carecía del poder adquisitivo suficiente como para poder costear todos los gastos para paliar los efectos nocivos de la enfermedad.
Era más bien como la madre que había perdido en mi niñez a causa de una grave enfermedad que alargó su sufrimiento hasta límites insospechados, siento lenta y tortuosa, debido a que nuestra familia carecía del poder adquisitivo suficiente como para poder costear todos los gastos para paliar los efectos nocivos de la enfermedad.
Era una
espina que llevaba clavada en el pecho desde temprana edad y, por más que lo
pienso, creo que ha sido uno de los motivos que me ha convertido en una persona
ambiciosa y ávida de poder: La imagen de ver cómo el dinero puede marcar la
diferencia abismal en determinadas ocasiones entre la felicidad y la amargura
-¿Y... en la
cama qué tal es?-preguntó Abigail en tono picarón, bajando la voz.
Normalmente
era muy correcta y prudente a la hora de hacer preguntas sobre mis relaciones,
ya que ella era muy clásica, pero como yo igualmente contaba todos los detalles
escabrosos, en ocasiones no esperaba a que fuese yo quien los dijese.
Poco a poco,
iba rompiendo ese cascarón suyo tejido de clasicismo.
-Es una
fiera-relaté. Tiene su lado tierno, sabe llevarme al cielo con sus besos. Y no
veas lo bien que come el coño.
-¡Bianca,
por favor!-se escandalizó la mujer-. Habla más bajo que en este bar todo el
mundo nos conoce.
Se ajustó el
cuello de la camisa y observó a nuestro alrededor por si alguien nos estaba
escuchando.
-¡Que
escuchen, así aprenden!-vociferé-. Si hicieran con el clítoris lo mismo que con
el joystick de la consola, todas gozaríamos más en la cama.
-¿Qué tal calzaba?-insistió,
ruborizada.
Solté una
leve risita.
-Normalita,
aunque algo gorda, pero me llenaba más que otros pollones que me he encontrado,
que no sabían ni por dónde empezar-argumenté.
Abigail se
santiguó y comenzó a carcajearse.
-¡Qué poca
vergüenza la mía!-exclamó-. Te he preguntado antes por su… que pro su nombre.
-Ernesto-revelé
con una amplia sonrisa en el rostro-. Y si me disculpas, voy a llamarle por
teléfono para ver cómo está.
Me levanté
de la silla mientras macaba su teléfono.
Mi corazón
latía a mil por hora, las manos me sudaban. Todo mi cuerpo mandaba señales de
auxilio, necesitaba sentir su tacto de nuevo. Por una parte me encontraba
encantada con este estado de euforia interna, pero por otro lado temía que eso
me hiciera débil y me sometiese a él, convirtiéndome en un ser carente de
carisma, ser frágil, y en el momento en el que más predispuesta me sintiese a
satisfacer sus caprichos, me arrojase al vacío como a un perro viejo.
-¿sí?-contestó
su voz, quebrada. Parecía algo adormilado.
Comencé a
caminar en círculos, una costumbre que tenía siempre que hablaba por teléfono.
-¿Te he
despertado, amor?
Se hizo un
pequeño silencio, aunque le escuchaba respirar. Sus neuronas estarían
despertándose y no habrían procesado aún la simple pregunta.
-No, ya
estaba despierto, pero estaba en la cama haciendo el pensamiento de levantarme.
Lo que yo
decía, estaba adormilado.
-Llevo toda
la mañana pensando en ti, y espero que tú estés haciendo lo mismo-susurré
dulcemente.
De pronto,
una tercera voz irrumpió en nuestra conversación al otro lado del teléfono:
-¿Quién es
mi vida?
Se trataba
de una voz femenina.
Mi corazón
se heló de pronto.
-Uno de los
proveedores de la tienda, no te preocupes-mintió Ernesto a la otra. O, espera
un momento. La otra era yo-. Bianca, escucha-añadió bajando el tono de voz
hasta ser un sonido casi inaudible-. Ha sido maravilloso, pero estoy casado y
lo nuestro no ha sido más que cuatro polvos esporádicos, brutales, pero sólo
polvos. Espero que lo entiendas.
La
respiración se aceleraba en mi pecho, me costaba incluso tragar mi propia
saliva.
-Sí, lo
entiendo-espeté-. Entiendo que eres un desgraciado de mierda y que esta me la
vas a pagar.
-Tranquilízate,
por favor-me pidió con voz nerviosa.
Solté una
risa irónica.
-¿Encima te
crees en condiciones de pedir?-rugí-. No sabes, pero has ido a joder a la zorra
equivocada. Tengo muy mala hostia y para mí, remordimiento es el nombre de una
planta.
-¿Qué
piensas hacer?- se estaba acojonando.
-Retorcerte
las pelotas de una forma que ninguna otra zorra te ha hecho jamás-contesté,
serena, aunque mis ojos estaban desbordados de lágrimas de rabia y desilusión.
No iba a
permitir jamás de los jamases que nadie volviese a quedar por encima de mí.
Con ser
tonta una vez en mi vida había tenido suficiente.
-Siento
haberte hecho daño-lamentó con falsa aflicción.
Y demasiado
tarde.
-Tranquilo,
no me has hecho daño-mentí, tratando de sonar lo más convincente posible,
aunque las lágrimas comenzaban a ahogarme y no tardaría en tartamudear-. Ni si
quiera me has hecho daño en la cama. Cada vez que gemía porque me partías el
pistacho no era más que para no hundirte. He tenido polvos mejores. Ah, y
recuerdos a Celeste.
Colgué el
teléfono y me dirigí rabiosa hasta la mesa.
-Abigail,
olvida la conversación que acabamos de tener-tercié-. Necesito que me digas de
una copistería cercana: tengo una cosa que hacer.
sábado, 20 de octubre de 2012
Voluntad
El dolor no es malo, forma parte del aprendizaje.
Confiar no es una debilidad, es una virtud peligrosa.
Uno debe de seguir sus propios instintos: La gente puede hablar, decir, aconsejar; pero toda circunstancia acompaña a la persona, no se pueden aplicar los mismo valores y procedimientos en todos los casos: NO siempre funciona.
Si quieres mejorar, si quieres progresar debes ser tú quien siga adelante, quien se lleve todos y cada uno de los golpes que la vida aguarda.
Así, y sólo así, es cuando apreciarás y valorarás todos y cada uno de los bellos momentos que esperan más adelante.
¿O te perderás la vida mientras preguntas qué debes hacer?
viernes, 24 de agosto de 2012
Apariencias
Nadie es como dice, nadie es como pensamos.
Ni un rostro, ni tan sólo una mirada, mucho menos las palabras.
Las cosas no tienen un significado predefinido, sino que es cada uno quién se lo adjudica.
De igual manera ocurre con las personas:
Interpretamos gestos, a veces erróneamente. Sonrisas cálidas, que pueden ser sonrisas malintencionadas.
Creemos en palabras que escupen como si fuera un veneno mortal; pero a nosotros nos parecen las promesas que nos acercan al paraíso.
A veces acertamos, a veces erramos.
De lo que sí que estoy completa y absolutamente seguro, es que nadie es nunca tal y como imaginamos en su totalidad, siempre habrá un resquicios que sólo esa persona conoce.
domingo, 5 de agosto de 2012
La ecuación del Orden y Caos
La vida sigue hacia adelante, como una gran rueda que gira sin detenerse por nada ni nadie.
El paso del tiempo es inexorable.
Todo es una gran paradoja en la cual nos vemos inmersos.
Remolino fatídico y hermoso.
En mitad del caos las cosas buscan su orden, así como el agua de lluvia nunca sube, sino baja; o el sol sale siempre por el este.
Todo surge del caos y acaba en el orden.
Por eso quien tiene todo acaba sin nada, puesto que las cosas no permanecen para siempre en las mismas manos.
Somos variables de un cálculo constante: Quien desvele la incógnita de su ecuación, sabrá evitar el caos y restaurar su orden.
Implicaciones del crecer
Crecer implica renuncia.
Implica mayor compromiso con los quehaceres.
Trae consigo mayores consecuencias y responsabilidades.
Pérdida de la libertad, pérdida de inocencia.
Pero si tienes metas, si te aferras a tus sueños; crecer es como dotarte de poderosas armas para lograrlo: Experiencia, confianza, tenacidad, orgullo, arrojo, fuerza y vigor.
jueves, 24 de mayo de 2012
Una segunda oportunidad
Una noche calurosa de un 24 de mayo de 2010.
Una habitación solitaria, silenciosa, con olor a plástico a desinfectante.
Me encontraba recostado sobre el duro colchón de la cama, boca arriba, contando los puntos que había en el techo, tratando de desviar mis pensamiento hacia cosas básicas y banales, alejando de mi mente los temores que me acechaban, la pena, la añoranza y la impotencia.
Pero por encima de todas esas cosas: la soledad.
Me di cuenta de lo solo que se encuentra el ser humano ante algo tan sublime como la muerte.
Puedes tenerlo todo en vida, en cambio no tener nada en la muerte.
No hay nada que pueda mantenerte atado si esta decide que ha llegado tu momento.
Creo que nadie podrá saber nunca lo que sentí, a no ser que se haya enfrentado a la misma situación.
El saber que no había marcha atrás me hizo no pensar en un futuro más allá del 25 de mayo de ese año: Para mí no estaba seguro el futuro, no hice planes para más adelante (aunque una parte de mí seguía pensando que todo iría bien, mi parte racional me ataba a la vorágine destructiva).
Las horas pasaban y cada bocanada de aire era un regalo para mí, cualquiera podía ser la última.
No dejé de pensar en la gente que había significado algo para mí, y cómo sería su vida si yo no llegase a salir del hospital.
Pensé en todas las cosas que me iba a perder, cosas estúpidas, pero que en ese momento para mí valían como oro en paño.
Maldije todos los momentos que desaproveché, el tiempo tirado a la basura, el no haberme enfrentado a algunas circunstancias.
Y ahí estaba yo, tumbado en la cama, esperando el momento de la verdad, a que la moneda fuese lanzada al aire y se declinase por un lado u otro de la balanza.
La noche se hizo eterna, y sobra decir que apenas logré conciliar el sueño.
Mi corazón palpitaba a cien por hora, y en ese momento lo único que hubiese querido hacer hubiera sido huir, escapar lejos, detener las manecillas del reloj.
Cualquier cosa que me liberase del destino.
Pero hay promesas que valen más que el miedo, y el amor vale más que la propia vida.
Di un paso firme sobre un terreno agrietado.
Las horas pasaron y llegó el momento: Debía bajar a quirófano.
Lo único que recuerdo es un mar de lágrimas.
No fue por nada en concreto, pero todos mis miedos se manifestaron de golpe.
Me sentía débil e insignificante.
Fui trasladado en camilla por pasillos interminables, donde lo único que se veía era la luz de los fluorescentes del techo y ráfagas de gente que cruzaba de un lado a otro.
Aún me estremezco al recordarlo.
Y, curiosamente, ese fue en el momento en el que me sentí realmente vivo: Cuando vi la fragilidad del ser humano, contemplando que nada es eterno y que un segundo puede marcar la diferencia.
Afortunadamente para mí, esta historia finalizó exitosamente.
Creo que ya no veo la vida con los mismos ojos: ahora aprecio sustancialmente las cosas que me rodean y trato de disfrutar con todas y cada una de las cosas que hago y sobre todo hacer feliz a la gente que me importa, porque descubrí que la risa es capaz de sacar el coraje refulgente.
Es mi cometido, o así quiero yo que sea.
La vida vale demasiado, y si sólo lloras, las lágrimas no dejarán que aprecies los matices que esta te ofrece.
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