Como siempre, el sol vuelve a salir, pero antes, los berridos de mi vieja, ordenándome que me levante.
Pereza, sí, me da mucha pereza volver al tuto, y más después de haber cateado cinco y tener que repetir 4º de la ESO.
Al menos no estaré sola, tengo a la Pistacha.
-María Estefanía, me cago en tu puta madre, ¿Quieres levantarte de una vez?-vociferó la loca de mi madre una vez más-. Ya puedes espabilar este año, porque como suspendas te quio la moto.
Sí, ese es mi nombre. Me lo pusieron por mi tía abuela por parte de madre, aunque yo prefiero que me llamen Mari Tiffany o Mari a secas.
Como pude me levanté, trasteando en el cuarto. Joder, tenía tanto sueño.
Era el primer día, quería causar buena impresión, así que iba a ir sencilla, pero sin caer en la vulgaridad.
Me puse mi top de leopardo, con unos pitillos rosas, unas botas de pelo de oso polar, y el pelo Melo recogí en un tupé y moño, junto con mi cinta de pelo favorito de color amarillo fosforito.
Tenía muchas ojeras de haberme pasado gran parte de la noche chateando por el messenger con Fran, “El broncas”.
Me tiene loquita, como besa, como se lo monta. Es el típico chulico que sabe como hacer que una mujer se sienta mujer, deseada, y se nos lleva a todas de calle, menudo bandido.
Y una buena tranca.
Siempre que lo hacíamos en su buga me destrozaba el potorro.
Me hice la raya egipcia en los ojos y me pinté los labios de rojo pasión, ahora el piercing de mi labio superior lucía mucho mejor.
Era como Marilyn Monroe morena y en guapa, vamos, dónde va a parar.
Bajé corriendo al comedor, mi madre volvió a examinarme con la mirada. Siempre lo hacía, estaba margada y tenía que amargarme a mí.
-Estefanía, por favor, ¿Dónde vas así?-exclamó, dándome mi vaso de cola-cao-. Podrías ir un poco menos cantosa, pareces un Pokemon.
-Mama, no me rayes.
-No empecemos, que luego te quejas de que te castigo-bufó.
-Ya no me quejo, porque al final me acabas dejando salir.
Le di un sorbo al tazón.
-Pues eso se va a acabar-sentenció-. Este año te vas a poner las pilas. Nada de hacer el vago en esta casa.
-Tranquila, en un año cumplo los dieciocho y me piraré de este puto infierno de casa.
-¿Es que acaso te falta algo?-espetó, furiosa-. Siempre tienes un plato sobre la mesa, dinero para salir y ropa que ponerte. No te falta de nada.
-Sí que me falta-afirmé-, que me dejes en paz. Me piro por no verte el jeto, que eres una pesada.
-Estefanía., no me des la mañana-bramó, lanzando al suelo varias cosas que había sobre la mesa.
-¡Que pases de mí, colega! ¿No lo entiendes o te hago un dibujo?-respondí, me di media vuelta, y me piré del comedor.
Me dirigí a la entrada, cogí las llaves, me puse la mochila y arreando a clase.
Siempre me calienta la olla, ¿No tiene suficiente con su patética vida y me tiene que joder a mí? Me tiene envidia por ser joven y guapa. A la Pistacha le pasa lo mismo, aunque por suerte mi madre no se pasa la tarde entera pegada a la botella de Pacharán, y las mañanas apareciendo borracha en bata y ropa y interior en cualquier calle del pueblo, dando el cante.
La última vez estaba cantando coros rocieros en la puerta de la iglesia.
Mi madre sólo es pesada.
Me subí en la moto, no sin antes mirarme en el espejo retrovisor y asegurarme de que iba impecable.
Pasé de ponerme el casco, porque podría estropearme el peinado.
Iba to’ contenta y motivada escuchando a Camarón por el manos libres del móvil, cuando a dos calles del tuto se me cruzó esa gilipollas, la ojos de sapo.
Lástima que no la reventé contra el asfalto. Di un derrape frente a ella.
-¿Eres idiota o qué?-vociferó, histérica y con el corazón en la boca-. Estate atenta, casi me atropellas.
-¡Eh, tranquilita, que no te ha pasado na’!-quité hierro al asunto.
Qué asco la tengo, es una imbécil, ojala se muera o algo.
-Además vas sin casco, ¿eres consciente de que te puedes matar?-me reprendió con aires de sabiendo. Devolvió la mirada a la acera, divisando a un grupo de lerdas como ella que venían corriendo a socorrerla-. Como se entere tu madre verás.
-Si mantienes la boca igual de cerrada que las piernas no se enterará-contesté.
Toma corte.
Se alejó sin decir nada con sus amigas de Dolce&Gabbana.
Metí un acelerón y seguí mi camino.
Cuando aparqué la moto me acerqué a la puerta del insti. La pistacha vino corriendo a saludarme. Nos dimos un fuerte abrazo y comenzamos a chillar como cerdos en San Martín.
-Nena, pensaba que nunca vendrías-me ofreció un cigarro-. Si me toca a mi sola tragar con estos niñatos me da algo.
-Tía, no te dejaré sola-contesté-. Me he entretenido por culpa de la ojos de sapo.
-Tu vecina es una mierda viva. Anda ya y que la den por culo.
-Eso mismo digo yo.
-Dicen que viene un pavo nuevo a nuestra clase-me notificó-. Se comenta que estuvo en un reformatorio por haberle dado un navajazo al cartero.
-¡Hostia!-exclamó-. Qué mal rollo.
-¿Mal rollo?-repuso la Pistacha-. A mí se me hace el Chichi agua por conocerle.
-Andas siempre pensando con la raja-me carcajeé-. Menuda puta.
-Yo, al menos, no le chupé el coño a la Yanira-escupió-.
Odiaba ese temita.
-¡Eso no es verdad!-me defendí-. Las dos nos tiramos al Javi al mismo tiempo, pero ni nos tocamos.
-Te estoy vacilando-se bufó-. Es que me he fumado un peta de buena mañana para calmar los nervios.
Se empezó a reír como si fuese una yegua.
La verdad es que la Pistacha es más fea que el cagar: Un pelo “rubio”, totalmente lleno de mierda, con mechones acartonados.
Los dientes súper amarillos, aunque más bien tirando a marrones.
Una nariz de bruja, y un cuerpo escuálido.
Lo único que la gente valora de ella son sus tetas, porque no es ni lista ni guapa.
No es mala pava, pero tiene muchas tonterías.
Su familia está desestructurada desde que su padre, dueño de una empresa de frutos secos, les abandonó por irse con una brasileña con tetas de silicona, cuando ella apenas tenía diez años.
Vive falta de afecto desde entonces, hasta que le crecieron las tetas.
No ha dejado de recibir afecto por parte de los tíos desde entonces.
Ha tenido dos abortos, ha cogido hongos, clamidia y herpes varias veces.
-A ver si este año pasa rápido-suspiré.
El timbre sonó y entramos en el tuto.
Todos en clase se giraron al vernos pasar.
Normal, somos las más malotas. El año pasado forramos a hostias a un lerdo que vino de intercambio desde Alemania.
Eso le pasa por no saber español. Si le hablo, que me conteste, joder.
Una puta gorda granuda me bloqueó el paso. La empujé, no te jode, cuando quiero pasar, pues paso.
-¿Qué haces, subnormal?-me replicó.
Cuando la miré se achantó y murmuró algo que no pude escuchar. La íbamos a tener.
La Pistacha y yo nos sentamos al final de la clase, mientras el resto seguía a su bola hablando junto a la puerta.
-Este año tenemos a la choni de mi vecina-le oí decir a la ojos de sapo.
-Pobre, demasiado tiene que ser verla por tu calle para encima tragarla aquí-comentó un gafotas engominado del grupo de la ojos de sapo.
Carraspeé. Me estaba encendiendo.
-Seguro que el primer día de clase la lía-dijo la gorda granuda, incorporándose en la conversación-. A mí me acaba de empujar.
-Lo mejor es ignorarla-aconsejó la ojos de sapo-. Si sólo busca problemas.
Anes de que pudiese levantarme para romper bocas, entró un profesor lechuguino, acompañado de un tío cachas y pelao lleno de piercings.
-Vayan sentándose, por favor-dijo el profesor mientras dejaba su maletín sobre la mesa.
El nuevo se sentó dos filas por delante de donde estábamos nosotras dos.
A mí no me pareció nada del otro mundo, pero la Pistacha se había puesto burra.
Se pasó toda la clase mandándole papelitos, pero él no le contestó ni uno solo. El profesor de matemáticas, presentado como Braulio, se hartó del numerito y confiscó la última nota que le había lanzado la Pistacha, leyéndola en voz alta, dejándola en el ridículo más absoluto:- Tengo la boca muy grande, me caben hasta dos enteras.
La clase rompió a reír el profeso no se acababa de creer lo que había leído. Se ruborizó.
-Señorita…Contreras-dijo, fijándose en el letrero que había sobre la mesa de la Pistacha, de los cuáles nos hizo escribir con nuestros nombres y apellidos para familiarizarse con nosotros-. Por favor, cíñase a los algoritmos neperianos y no piense en el acto de la cópula, por favor, o al menos, no mientras estemos en clase.
-Si todo eso le entra en la boca, imagina lo petado que tendrá el chocho-comentó un pajillero de la clase.
-Así van algunas, que vergüenza-lamentó una amiga de ojos de sapo.
-Yo sé lo que tengo que hacer-contestó la Pistacha-. Tú da tu clase, y yo a lo mío. Yo no te molesto y tampoco a mí, y así iremos de puta madre.
lunes, 7 de febrero de 2011
martes, 18 de enero de 2011
Miedo
El miedo, el único capaz de distorsionar la realidad hasta límites insospechados.
Aquel por el cuál matarías, la razón por la que tu ética se convierte en una moneda de cambio. La materia que modifica tu personalidad y la funde a los más bajos instintos de supervivencia.
El ego prima. No importa nada de lo que hayas aprendido hasta ahora. Lo olvidas todo cuando sientes al miedo fluyendo en tu respiración. Cuando el miedo asciende hasta la cúspide del pánico ya nada puede hacerse por el alma de quién lo padece.. Sólo hay dos sentimientos capaces de superar al miedo.
El odio y la venganza.
Aquel por el cuál matarías, la razón por la que tu ética se convierte en una moneda de cambio. La materia que modifica tu personalidad y la funde a los más bajos instintos de supervivencia.
El ego prima. No importa nada de lo que hayas aprendido hasta ahora. Lo olvidas todo cuando sientes al miedo fluyendo en tu respiración. Cuando el miedo asciende hasta la cúspide del pánico ya nada puede hacerse por el alma de quién lo padece.. Sólo hay dos sentimientos capaces de superar al miedo.
El odio y la venganza.
miércoles, 5 de enero de 2011
Feliz año nuevo
Mismos sueños, mismas ilusiones.
Nuevas esperanzas, nuevos retos.
Nuevos miedos a superar.
Más ganas de vivir.
Nuevas esperanzas, nuevos retos.
Nuevos miedos a superar.
Más ganas de vivir.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Prólogo
El prólogo es siempre el comienzo de todo.
No importa el ambiente en el que se desarrolle, si es una noche de tormenta, una cálida playa de las costas de California; una fábrica abandonada, o una abarrotada disqueta con aroma a cubata y cigarrillo.
A veces, todo empieza con un drama, y página tras página se va enredando cada vez más, hasta que se crea un borrón imposible de limpiar.
Por más que queramos, no podemos terminar cada página en el punto deseado, o llevar la historia al desenlace anhelado.
En ocasiones el libro cae al agua, hay pasiones que lo envuelven en llamas, manos que fueron amigas y lo hacen añicos.
Y ahí sigue el libro con el prólogo en blanco, esperando a que vuelvan a escribirlo.
Las historias se truncan, pero siempre pueden escribirse de nuevo. Las manos magulladas se posarán firmes.
Siempre habrá algo bueno que contar. Letras palpadas que nos alegruen el corazón y engrandezca el alma. El prólogo es sólo el principio. Érase una vez...
No importa el ambiente en el que se desarrolle, si es una noche de tormenta, una cálida playa de las costas de California; una fábrica abandonada, o una abarrotada disqueta con aroma a cubata y cigarrillo.
A veces, todo empieza con un drama, y página tras página se va enredando cada vez más, hasta que se crea un borrón imposible de limpiar.
Por más que queramos, no podemos terminar cada página en el punto deseado, o llevar la historia al desenlace anhelado.
En ocasiones el libro cae al agua, hay pasiones que lo envuelven en llamas, manos que fueron amigas y lo hacen añicos.
Y ahí sigue el libro con el prólogo en blanco, esperando a que vuelvan a escribirlo.
Las historias se truncan, pero siempre pueden escribirse de nuevo. Las manos magulladas se posarán firmes.
Siempre habrá algo bueno que contar. Letras palpadas que nos alegruen el corazón y engrandezca el alma. El prólogo es sólo el principio. Érase una vez...
martes, 30 de noviembre de 2010
Todo pasa por algo
El crepitar de las llamas azuzaba las palabras que no querían salir. Gaiden contemplaba en el fuego el rostro de Malia y se preguntaba si algún día podría volver a abrazarla, aunque fuese, volver a verla.
De pronto algo se apoyó en su hombro. Era la cabeza de Doria, que se acababa de quedar dormida. Gaiden apoyó su cabeza contra la de ella, aunque la chica se dio cuenta de que acababa de quedarse dormida y se apartó de golpe.
-No pasa nada, puedes dormir, no me importa-murmuró Gaiden.
Doria estaba roja de la vergüenza. No sabía si le daba más vergüenza haberse quedado dormida haciendo una guardia o el haberse apoyado sobre Gaiden como lo hacía sobre Evon cuando eran novios.
-N-no, da igual, tengo que aguantar, es lo justo-contestó ella, nerviosa.
-Tranquila, Doria, somos amigos-añadió Gaiden, viendo lo tensa que se había puesto-. Nos conocemos desde hace mucho tiempo, y si aún no ha pasado nada entre nosotros, no creo que vaya a pasar ahora, puedes respirar en paz, no te meteré mano mientras duermes.
Doria le pellizcó en la rodilla y ambos rompieron a reír. Una risa. ¿Cuántos días hacía que no se reían? Había perdido la cuenta. Había perdido la cuenta de tantas cosas. Este viaje le estaba costando mil veces más de lo que le costó el de Itasen. Quizá sería no ver el sol, pero de seguro lo que más le costaba era no recorrerlo con aquellas personas que le habían hecho sentir ganas de vivir.
-¿La echas mucho de menos?-preguntó Doria por Malia. La no respuesta de Gaiden evidenció que así era. Le costaba hablar de ello, era muy doloroso.
-¿Sabes esa sensación de desesperanza y angustia, cuando notas que algo te falta y parece imposible que tu cuerpo vaya a recuperarse del golpe?-masculló el chico, y lanzó una piedra contra la hoguera.
Aquella noche soplaba una ligera brisa. La primera brisa que sentía desde que habían llegado.
-De lo que sí sé es de sentirme una estúpida-respondió con un tono amargo-. De perder cosas por ser demasiado racional y nunca jugármela por el corazón.
-A veces, la vista es como una gran apuesta-aventuró el muchacho-. Aunque sepas que tienes unas cartas de poco valor, si sabes utilizarlas en el momento idóneo puedes llevarte todo lo que hay en la mesa.
Doria apoyó su cabeza en el hombro de Gaiden, esta vez despierta, y se acurrucó junto a él. Ambos contemplaron a Hela, al final, como una pequeña estela triste en un firmamento vacío.
-¿Alguna vez te habías imaginado el acabar con Malia?
-Nunca. Aunque por dentro alguna parte de mí lo deseaba, pero tardé mucho en darme cuenta.
-Yo siempre me fijé en Evon-confesó la chica, lanzando un suspiro-. Era tan diferente a mí, tan soñador, esperanzador. Ahora que todo ha terminado creo que tengo que darle una segunda oportunidad a mi corazón.
-Eso es genial-felicitó Gaiden, estrechando a su amiga-. Me alegría mucho volver a veros juntos.
Se produjo un incómodo silencio. Doria carraspeó.
-Dije segunda oportunidad, no error-terció con brusquedad. Doria en ocasiones padecía de cierta bipolaridad. Pecaba de ser tosca y cortante con bastante frecuencia.
-¿Eso ha sido para ti?-lamentó Gaiden, buscando algún tipo de respuesta en el rostro de su amiga. Ella no dijo nada-. Fue un error cada beso que le diste, o los abrazos interminables. No, a lo mejor, cada vez que dijiste que le querías. ¿Así lo sentiste?
-No-negó ella con un hilo de voz-. Pero todo pasa por algo. Creo que hay personas que llegan a nuestra vida única y exclusivamente para hacernos ver que siempre hay algo mejor. Un puente, un nexo.
De pronto algo se apoyó en su hombro. Era la cabeza de Doria, que se acababa de quedar dormida. Gaiden apoyó su cabeza contra la de ella, aunque la chica se dio cuenta de que acababa de quedarse dormida y se apartó de golpe.
-No pasa nada, puedes dormir, no me importa-murmuró Gaiden.
Doria estaba roja de la vergüenza. No sabía si le daba más vergüenza haberse quedado dormida haciendo una guardia o el haberse apoyado sobre Gaiden como lo hacía sobre Evon cuando eran novios.
-N-no, da igual, tengo que aguantar, es lo justo-contestó ella, nerviosa.
-Tranquila, Doria, somos amigos-añadió Gaiden, viendo lo tensa que se había puesto-. Nos conocemos desde hace mucho tiempo, y si aún no ha pasado nada entre nosotros, no creo que vaya a pasar ahora, puedes respirar en paz, no te meteré mano mientras duermes.
Doria le pellizcó en la rodilla y ambos rompieron a reír. Una risa. ¿Cuántos días hacía que no se reían? Había perdido la cuenta. Había perdido la cuenta de tantas cosas. Este viaje le estaba costando mil veces más de lo que le costó el de Itasen. Quizá sería no ver el sol, pero de seguro lo que más le costaba era no recorrerlo con aquellas personas que le habían hecho sentir ganas de vivir.
-¿La echas mucho de menos?-preguntó Doria por Malia. La no respuesta de Gaiden evidenció que así era. Le costaba hablar de ello, era muy doloroso.
-¿Sabes esa sensación de desesperanza y angustia, cuando notas que algo te falta y parece imposible que tu cuerpo vaya a recuperarse del golpe?-masculló el chico, y lanzó una piedra contra la hoguera.
Aquella noche soplaba una ligera brisa. La primera brisa que sentía desde que habían llegado.
-De lo que sí sé es de sentirme una estúpida-respondió con un tono amargo-. De perder cosas por ser demasiado racional y nunca jugármela por el corazón.
-A veces, la vista es como una gran apuesta-aventuró el muchacho-. Aunque sepas que tienes unas cartas de poco valor, si sabes utilizarlas en el momento idóneo puedes llevarte todo lo que hay en la mesa.
Doria apoyó su cabeza en el hombro de Gaiden, esta vez despierta, y se acurrucó junto a él. Ambos contemplaron a Hela, al final, como una pequeña estela triste en un firmamento vacío.
-¿Alguna vez te habías imaginado el acabar con Malia?
-Nunca. Aunque por dentro alguna parte de mí lo deseaba, pero tardé mucho en darme cuenta.
-Yo siempre me fijé en Evon-confesó la chica, lanzando un suspiro-. Era tan diferente a mí, tan soñador, esperanzador. Ahora que todo ha terminado creo que tengo que darle una segunda oportunidad a mi corazón.
-Eso es genial-felicitó Gaiden, estrechando a su amiga-. Me alegría mucho volver a veros juntos.
Se produjo un incómodo silencio. Doria carraspeó.
-Dije segunda oportunidad, no error-terció con brusquedad. Doria en ocasiones padecía de cierta bipolaridad. Pecaba de ser tosca y cortante con bastante frecuencia.
-¿Eso ha sido para ti?-lamentó Gaiden, buscando algún tipo de respuesta en el rostro de su amiga. Ella no dijo nada-. Fue un error cada beso que le diste, o los abrazos interminables. No, a lo mejor, cada vez que dijiste que le querías. ¿Así lo sentiste?
-No-negó ella con un hilo de voz-. Pero todo pasa por algo. Creo que hay personas que llegan a nuestra vida única y exclusivamente para hacernos ver que siempre hay algo mejor. Un puente, un nexo.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Luz

Llegamos perdidos a este mundo, buscando la luz que nos rescató en la más absoluta y densa oscuridad.
Nacemos, crecemos, y seguimos buscando esa luz: Era tan cálida...Pero no parece quedar ni un solo vestigio de ella por ningún rincón del planeta.
Un día, de pronto, entre los suspiros del alma, escuchamos una voz, diferente a todas las escuchadas antes, pero no parece que nadie esté hablando.
Ya no existe el tiempo, se acabó todo lo demás, tan sólo un fulgor cegador, más radiante que la más joven de las estrellas.
Una mano se muestra tendida, repleta de esa luz sacra, emanada por otro corazón.
Siempre estuvimos equivocados, pues buscamos una luz que no existe, si no que surge de los corazones de dos iguales que se encuentran.
martes, 12 de octubre de 2010
Gravedad
Mi gravedad vuelve a actuar, atrayéndome al pozo negro del que nunca termino de salir. Mi mano alzada no basta para aferrarse a algo lo suficientemente firme como para resistir su fuerza.
Otra vez ella. No importa cuantas veces la esquive, siempre acaba dominándome.
Siempre acabo por la senda equivocada.
Siempre y, desgraciadamente, acabo volviendo a creer que es posible vencerla.
Otra vez ella. No importa cuantas veces la esquive, siempre acaba dominándome.
Siempre acabo por la senda equivocada.
Siempre y, desgraciadamente, acabo volviendo a creer que es posible vencerla.
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